El café que cruzó mares
Las grandes hazañas normalmente ocurren en el interior de una mente atrevida y perspicaz, en el 1723 la primera planta de café arribo a las tierras americanas, un hito que marco la historia del buen café. El oficial naval Gabriel de Clieu, capitán francés, tomó un retoño de café de los Jardines Reales de París, donde el rey Luis XIV tenía una planta traída desde Yemen (el origen del café arábica comercial).
Cuentan la historio que Clieu la protegió de tormentas, piratas y sequías, compartiendo incluso el agua que bebía para mantenerla viva durante el viaje. Esa planta —frágil, verde, pero llena de esperanza— fue el inicio de una revolución silenciosa: el nacimiento del café en América.
Décadas después, sus descendientes encontraron hogar en las montañas de Colombia. Allí, entre la niebla y el canto de los pájaros, los caficultores de Risaralda, Caldas y Quindío cultivaron no solo un grano, sino una herencia. Nació así el café colombiano: equilibrado, dulce, con cuerpo sedoso y acidez viva, un reflejo de la tierra y de la pasión de su gente.
En EMME Café, la referencia a 1723 no es casualidad. Es nuestra manera de rendir homenaje a ese espíritu aventurero que cruzó océanos para transformar el mundo.
Cada grano que seleccionamos cuenta esa historia: la del marinero que soñó con un sabor perfecto, la del caficultor que cuida su tierra con amor, la del barista que convierte un espresso en arte.
1723 es un número, sí; Pero también es una promesa: la de seguir llevando a cada taza la esencia del viaje, la historia y la pasión que dieron origen al mejor café del mundo.
Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) · Organización Internacional del Café (ICO) · Specialty Coffee Association (SCA) · Museo Nacional del Café de Colombia · Pendergrast, Mark. Uncommon Grounds (2010) · Biblioteca Nacional de Colombia.





