El café que viaja con el viento
En la costa occidental de la India, donde el océano Índico besa las arenas de Malabar, nació una de las historias más extraordinarias del café.
Durante el siglo XVIII, los comerciantes británicos comenzaron a transportar los granos de café desde los puertos de la India hacia Europa. Los viajes, que duraban cerca de seis meses, llevaban los barcos de madera desde los almacenes de Calicut, en Malabar, bordeando el Cabo de Buena Esperanza hasta llegar al Viejo Continente.
En esos largos trayectos, los sacos de café permanecían expuestos a los vientos salinos, la humedad tropical y las lluvias monzónicas, transformando su color, su textura y su esencia.
Así, casi por accidente, nació el Monsooned Malabar, un café que parecía respirar el espíritu del mar. Los granos verdes absorbían la humedad del monzón, se hinchaban, perdían acidez y adquirían un tono dorado, suave y envolvente.
Su sabor, distinto a cualquier otro, encantó a los europeos del siglo XIX, quienes lo bautizaron como un café misterioso, madurado por el viento y el tiempo.
En 1862, Pierce Leslie & Co. fundó en Calicut la primera planta de curado para conservar esta tradición, permitiendo que el “milagro del monzón” se repitiera año tras año.
Desde entonces, cada temporada de junio a septiembre, los productores de la costa de Malabar abren sus almacenes para dejar que los vientos monzónicos vuelvan a obrar su magia. Durante unas 12 a 16 semanas, los granos se transforman lentamente bajo el soplo cálido y húmedo del océano.
Reconocido oficialmente en 2008 con una Denominación Geográfica Protegida (GI) por el gobierno de la India, el Monsooned Malabar sigue siendo un café legendario: una joya que combina historia, naturaleza y tradición.
En EMME Café, lo elegimos no solo por su sabor suave y cuerpo aterciopelado, sino por lo que representa:
una historia de paciencia, de respeto por la naturaleza y de amor por el café bien hecho.
Cada taza de nuestro Malabar Monsooned es una invitación a viajar a través del tiempo, a sentir la brisa marina y a saborear un legado que ha resistido siglos.